Cáncer

cancer

Cáncer de Colon.

¿En qué consiste?

La mayor parte del intestino grueso está constituido por el colon. El colon forma parte del tracto gastrointestinal (canal alimentario) estando situado a continuación del intestino delgado y antes del recto. El colon es responsable de la absorción de agua, vitaminas y minerales desde el tracto intestinal hacia la sangre. También contribuye al mezclado de los distintos compuestos del contenido intestinal, formando las heces y permitiendo que el organismo se desprenda a través de ellas del material no digerido.

A veces se hace referencia a los cánceres de colon y de recto de manera conjunta con el nombre de cáncer colorrectal. Si se consideran conjuntamente, estos cánceres representan la tercera causa más frecuente de cáncer en adultos, sumando hasta un 11% de las muertes por cáncer. En muchas ocasiones, el cáncer colorrectal empieza con el desarrollo de pólipos benignos (crecimiento en forma de dedo que sobresale hacia la cavidad intestinal). Estos pólipos benignos son relativamente frecuentes en individuos mayores de 50 años de edad. Sin embargo, pueden malignizar (se vuelven cancerosos) e invadir estructuras del colon todavía intactas diseminándose además hacia otras partes del organismo (metástasis). Los tumores pueden crear obstrucciones intestinales y por tanto, impedir una evacuación intestinal normal. En España se estima que el número de casos nuevos por año asciende a 21000 en ambos sexos, y que las muertes anuales por este tipo de cáncer (colorrectal) son de aproximadamente 12000.

Se desconocen las causas del cáncer colorrectal, aunque parece que existe un mayor riesgo asociado a factores genéticos, dietéticos y al estilo de vida que lleva el individuo. Las personas con antecedentes personales o familiares de pólipos o de cáncer colorrectal presentan mayor riesgo de desarrollarlo, así como los pacientes afectos de colitis ulcerosa, de enfermedades inflamatorias intestinales y de trastornos del sistema inmune (inmunodeficiencias). Existe una enfermedad hereditaria rara conocida como adenomatosis o poliposis familiar,  que ocasiona la aparición de pólipos benignos intestinales en personas jóvenes, causando la muerte en prácticamente todos los individuos afectados, a menos que se proceda a una extirpación quirúrgica del colon. El riesgo de desarrollar este tipo de cáncer también aumenta con la edad y con la existencia de otros cánceres en otras zonas del organismo. Las dietas ricas en grasas y carnes suponen un factor de riesgo, especialmente si se consume además muy pocas cantidades de fruta, verdura y fibra. Un estilo de vida con hábitos poco saludables, como el tabaquismo, la obesidad y una vida sedentaria, también constituye un factor de riesgo para este cáncer.

Cáncer de cuello de útero.

¿En qué consiste?

El cáncer de cuello de útero (cáncer de cervix o cáncer cervical) aparece por una proliferación o crecimiento descontrolados de las células del cuello uterino. El cervix es la parte inferior y más estrecha del útero. Tiene una forma cónica, y conecta el útero con la vagina.

El cáncer cervical se desarrolla lentamente. Las primeras alteraciones precancerosas provocan que las células del revestimiento interno y/o externo del cervix empiecen a tener una apariencia distinta de las células cervicales normales. Cuando se detecta este tipo de células en la prueba de Papanicolau (citología cérvico-vaginal), se informa de la existencia de “células atípicas”. Sin embargo, la presencia de células atípicas no es un signo totalmente específico de una condición precancerosa, ya que pueden aparecer transitoriamente en respuesta a infecciones o irritaciones del epitelio (capa de células) superficial del cervix. En caso de ser precancerosas, estas células atípicas presentan una apariencia cada vez más anómala a medida que pasa el tiempo, de manera que es más probable que acaben transformándose en células cancerosas si no se trata la situación adecuadamente. En la citología (Papanicolau), a estos cambios celulares intermedios se les califica como de lesiones intraepiteliales escamosas de bajo grado o de alto grado. Si estas células se vuelven cancerosas, inicialmente afectan al epitelio superficial y a las células productoras de moco del cervix (carcinoma in situ). Si no se trata, las células cancerosas pueden acabar siendo invasivas, creciendo hacia y afectando a los tejidos de soporte de alrededor del cervix, y pudiendo potencialmente propagarse hacia otros lugares del organismo.

Entre un 80% y un 90% de los cánceres cervicales son carcinomas de células escamosas, que afectan la capa plana de células escamosas situadas sobre la parte exterior del cuello uterino. La mayor parte de los casos restantes corresponde a adenocarcinomas, procedentes de las células productoras de moco de la cara o parte interna del endocervix (canal cervical). Algunos pocos cánceres son una mezcla de los dos tipos anteriores.

Si se detecta precozmente, especialmente en los casos de neoplasia intraepitelial y de formas de cáncer invasivas en fases iniciales, el cáncer cervical suele ser tratable. Si las mujeres no se someten a controles y por lo tanto no se detecta, el cáncer suele ser fatal. Si se le deja crecer libremente, el cáncer cervical se propaga (metastatiza) al resto del útero, la vejiga urinaria, el recto y la pared abdominal. Eventualmente, alcanza los ganglios linfáticos pélvicos y se disemina por el organismo, pudiendo afectar por tanto a otros órganos.

Desde la introducción de la prueba de Papanicolau, una herramienta de cribado que permite la detección precoz de cambios precancerosos y cancerosos del cuello uterino, la tasa de aparición del cáncer cervical en países industrializados ha disminuido en un 70%. En países donde no se llevan a cabo programas de cribado de este tipo de cáncer, el cáncer cervical sigue siendo un problema de extrema importancia sanitaria. Cabe recordar que, a nivel mundial, el cáncer cervical continúa siendo el segundo tipo de cáncer más frecuente en mujeres (después del cáncer de mama).

Cáncer de mama.

¿En qué consiste?

El cáncer de mama es un tumor propio de la mujer aunque los varones también pueden desarrollar este tipo de cáncer. En España, constituye el tumor más frecuentemente diagnosticado en la mujer. En este capítulo se trata tan sólo el cáncer de mama en mujeres y se recomienda que aquellos varones que estén diagnosticados de cáncer de mama consulten a su médico para cualquier información específica para ellos.

El cáncer de mama puede aparecer a cualquier edad, pero el riesgo de desarrollarlo aumenta a medida que la mujer envejece. En España, representa la primera causa de muerte por cáncer en la mujer (en los varones es el cáncer de pulmón). La mayoría de casos de cáncer de mama se da sin causa aparente, mientras que entre un 5% y un 10% de los mismos, están relacionados con un trastorno hereditario en alguno de los genes BRCA-1 y BRCA-2. Como norma general, las mujeres con mayor riesgo de desarrollar cáncer de mama son aquéllas que tienen o bien antecedentes familiares (cuanto más próximos, más riesgo) de cáncer de mama, o aquéllas que no han tenido hijos o que han tenido su primer hijo después de los 30 años de edad.

El cáncer de mama puede dividirse en tres estadios, que reflejan el grado de extensión del cáncer en el organismo.

* Cáncer de mama en fases iniciales: normalmente limitado a los conductos que transportan la leche hacia el pezón durante la lactancia o a los lóbulos (pequeñas áreas de tejido donde tiene lugar la producción de leche); se le conoce también como cáncer no invasivo. Si el cáncer está confinado a los conductos, se le denomina carcinoma ductal in situ y si está confinado a los lóbulos se le denomina carcinoma lobular in situ. En estas fases de la enfermedad, el cáncer no puede notarse como una masa en el pecho, si bien el carcinoma ductal a veces puede detectarse en una mamografía.

* Cáncer de mama Invasivo: caracterizado por una propagación del cáncer más allá de los conductos o de los lóbulos, hacia las áreas situadas alrededor del tejido mamario. En esta etapa de la enfermedad, el cáncer puede detectarse ya sea por la propia paciente, por una exploración del seno realizada por un profesional sanitario o por una mamografía.

* Cáncer de mama Metastásico: cuando el cáncer se ha propagado (metastatizado) hacia otras áreas del organismo, incluyendo a los ganglios linfáticos de la zona. En esta fase de la enfermedad, el tratamiento requiere la intervención de distintos especialistas (cirujanos, oncólogos y radiólogos).

Pruebas relacionadas
Existe una gran variedad de pruebas de laboratorio que pueden practicarse para detectar, monitorizar y tratar el cáncer de mama. Se pueden dividir en dos grandes bloques, en función de la finalidad de su determinación:
* Para realizar el diagnóstico: citología (examen microscópico de las células obtenidas por una aspiración con aguja fina) y biopsia quirúrgica (examen microscópico del tejido)
* Para determinar las opciones terapéuticas: estudio del oncogén HER-2/neu, y de los receptores de estrógenos y de progesterona
*Para monitorizar la enfermedad (detectar recurrencia de la enfermedad): CA 15-3 y CA 27.29
* Para determinar el riesgo genético: estudio de posibles mutaciones en los genes BRCA-1 y BRCA-2

 

Cáncer de Próstata

¿En qué consiste?

El cáncer de la próstata es el segundo cáncer más común en los hombres después del cáncer de piel, con aproximadamente 680.000 nuevos casos al año en el mundo. En España se diagnostican unos 13.300 casos anuales, lo que representa el 13,6% de los tumores entre los hombres. El riesgo de desarrollar cáncer de próstata depende de la etnia, siendo los hombres Afroamericanos los de mayor riesgo. Otros factores de riesgo son la existencia de antecedentes familiares, y la edad avanzada.

Más del 70% de los casos de cáncer de próstata se diagnostican a partir de los 65 años.

La próstata es una glándula pequeña, del tamaño de una nuez, presente únicamente en el varón. Rodea la parte superior de la uretra y produce el líquido seminal, que forma parte del semen. El cáncer de próstata puede permanecer localizado (totalmente restringido en la próstata) durante muchos años, causando pocas alteraciones perceptibles. En la mayoría de casos la evolución es lenta, y los primeros síntomas empiezan a aparecer cuando el tamaño de la masa tumoral es suficientemente grande como para comprimir la uretra. Esto puede causar síntomas como: aumento en la frecuencia de orinar (especialmente durante la noche); disminución de la fuerza miccional o intermitencia de la misma; dolor o escozor durante la micción; presencia de pus o sangre en orina o semen; y dolor en la parte baja de la espalda, la pelvis, o en la zona superior de los muslos. Sin embargo, muchos de estos síntomas aparecen en otras condiciones, como la hiperplasia benigna de próstata (HBP), las infecciones del tracto urinario (ITU), la prostatitis aguda, o en las enfermedades de transmisión sexual.

La HBP es un aumento no maligno (no cancerígeno) del tamaño de la glándula prostática, que aparece en los hombres al envejecer. Afecta a la mitad de los hombres a partir de los 60 años, y al 90% a partir de los 80 años (según la Asociación Española de Urología). Aunque no causa cáncer de próstata, ambos pueden encontrarse juntos. El médico debe determinar si los síntomas son debidos al cáncer de próstata, a la HBP, o a otra condición no cancerígena. En caso de diagnosticarse cáncer de próstata debe especificarse si éste es clínicamente significativo. Si se trata de un cáncer de próstata de pequeño tamaño, bien localizado, y de crecimiento lento, es posible que nunca llegue a causar problemas de salud al paciente. Se dice que “muchos hombres mueren con el cáncer de próstata, no de él.” En estos casos, el tratamiento puede tener efectos secundarios como impotencia e incontinencia, que pueden llegar a ser peores que el propio cáncer.

Sin embargo, en algunos casos, crecen y se propagan agresivamente a la región pélvica y a lo largo de todo el cuerpo. En algunos casos, aunque sean de crecimiento lento, dado su gran tamaño, causan molestias, por lo que requieren de intervención médica. Para el médico, el reto es detectar el cáncer de próstata, evaluar su velocidad de crecimiento y extensión, y posteriormente decidir, junto al paciente, el tipo de tratamiento a seguir y el momento más adecuado.

 

Pruebas relacionadas

La prueba de referencia para el diagnóstico es la biopsia de próstata. Consiste en la obtención de pequeñas muestras de tejido prostático e identificación de células anormales al microscopio.

En caso de diagnóstico de cáncer,el médico debe solicitar pruebas de laboratorio y de imagen, como ecografía por ultrasones, para establecer el estadio (extensión del cáncer en el organismo) y el grado (anormalidad de las células) del cáncer. Cuanto más anormales sean, es más probable que el cáncer sea agresivo.

La determinación de PSA total (antígeno específico de próstata total) y el examen rectal digital (ERD) son las herramientas básicas usadas para determinar la necesidad de una biopsia de próstata. El ERD es una exploración física que para realizarla el médico introduce un dedo, protegido por un guante y lubricado, en el interior del ano para palpar la superficie de la próstata.

Pruebas de laboratorio

Las pruebas de laboratorio se utilizan para el cribado de cáncer de próstata en la población general (sintomáticos y asintomáticos), descartar otras patologías y condiciones que pueden causar o agravar los síntomas, monitorizar la eficacia del tratamiento del cáncer de próstata, y detectar posibles recurrencias.

Estas pruebas pueden incluir:

* PSA (antígeno prostático específico) – para el cribado y seguimiento del cáncer de próstata. Aunque el PSA es una buena herramienta, no es perfecta. Un aumento de los niveles de PSA se asocia a un aumento del riesgo de padecer cáncer de próstata, aunque también pueden haber concentraciones elevadas de PSA en la HBP, la prostatitis (inflamación de la próstata), infecciones, y muchas otras condiciones. Aproximadamente, en dos tercios de los casos con un nivel anormal de PSA no existe cáncer de próstata, y cerca del 20% de los casos en que existe cáncer de próstata las concentraciones de PSA son normales. Al evaluar los resultados, el médico debe considerar los niveles de PSA así como el volumen de la próstata del paciente. (En la página del PSA se incluye la discusión sobre la variedad de pruebas de PSA, tales como el PSA libre y cPSA).

* Urianálisis – para el cribado de alteraciones renales

* Urinocultivo– para investigar signos de ITU

* Urea y Creatinina – pruebas en sangre para evaluar la función renal

Cáncer Testicular

¿En qué consiste?

El cáncer de testículo es una proliferación anormal e incontrolada de células que forman un tumor en uno de los dos testículos. Los testículos (testes o gónadas) son dos glándulas del tamaño de una pelota de golf situados dentro del escroto, que es una bolsa de piel suelta suspendida directamente debajo del pene. Los testículos son los responsables de producir esperma, así como las hormonas masculinas (principalmente testosterona), reguladoras del desarrollo de los órganos reproductores.

El cáncer de testículo es el cáncer más frecuente entre los hombre de 18 a 35 años. En España se diagnostican entre 2 y 3 casos de cáncer de testículo por cada 100.000 habitantes/año, una incidencia menor que en otros países europeos. Aunque no se conocen las causas exactas de cáncer de testículo, los hombres caucásicos presentan un mayor riesgo que los africanos, hispánicos, o de origen asiático. Entre otros factores de riesgo se incluyen testículos no descendidos (criptorquídea), disgenesia gonadal (desarrollo anormal de los testículos), síndrome de Klinefelter (una anomalía de los cromosomas sexuales) y una historia personal o familiar de cáncer de testículo.

Los tumores de células germinales suponen cerca del 90% de los cánceres testiculares. El cáncer de testículo puede clasificarse generalmente en seminomas y no seminomas. Los seminomas suponen aproximadamente la mitad de los tumores de células germinativas testiculares, afectando mayoritariamente a hombres de mediana edad. En general son de crecimiento lento y metastatizan con poca frecuencia. Los tumores noseminomatosos suceden en edades más tempranas. Mayoritariamente afectan a hombres hacia los 20 años de edad y tienden a ser más agresivos.

Aproximadamente sólo el 4-5% de todos los cánceres testiculares son tumores de estroma. Sin embargo, representan el 20% de los tumores de la infancia. Estos tumores de estroma se forman en los tejidos que sostienen los testículos y producen las hormonas. En algunos casos pueden secretar estradiol, estrógeno que son hormonas femeninas, dando lugar a ginecomastia (desarrollo de las glándulas mamarias).

Aunque el cáncer de testículo es uno de los que tiene mayor tasa de curación, más del 90%, la mayoría de casos no diagnosticados se diseminan a otras partes del cuerpo, primero invadiendo y lesionando el otro testículo y después metastizando, a través de los nódulos limfáticos, a otros órganos como los pulmones. La detección precoz, así como el tratamiento, son decisivos para un resultado favorable.

 

Signos y síntomas

En general, el primer síntoma que se detecta es una protuberancia o una inflamación no dolorosa en uno de los testículos. La mayoría de las veces lo detecta el propio paciente, pero también puede detectarlo el médico durante un chequeo de rutina. En algunos casos no aparecen signos ni síntomas, pero en otros aparecen síntomas como sensación de pesadez en el escroto, acumulación repentina de fluido, dolor sordo en el abdomen o en la ingle, dolor o molestia en un testículo, y/o ginecomastia (desarrollo excesivo de tejido mamario masculino). El médico debe evaluar todos estos síntomas ya que existen otras situaciones en las que pueden presentarse síntomas similares.